Loados sean aquellos que reciben un buen jamón con la cesta de
navidad, porque serán los proveedores de manjares a aquellos que les
rodean. Loados sean aquellos que canjean sus tickets restaurantes a
final de año por un buen ibérico, porque marcan el camino para los
que nos llevamos la comida al trabajo.
Para la mayoría de los mortales y más en épocas de crisis
galopantes como está, esta es la única ocasión del año en la que
nos podemos encontrar con una pata de gorrino colgada de la cocina.
Además es multifuncional: es un alimento, es un elemento decorativo
y es un agradable ambientador.
Yo, que nunca vi entrar jamones en casa porque mi familia no se lo
podía permitir, encuentro de lo más pecaminoso el jamón ibérico
de navidad. Al origen humilde de mi familia hay que sumarle mi fobia
al jamón ya superada, por lo que hasta hace unos cuantos años no
gozaba el regalo de una paletilla en su merecida plenitud.
Mi fobia, que tontuna de fobia. Cuando era cani y me estaban
saliendo los dientes de leche, me daban taquitos de jamón para
masticar en lugar de chupetes para que no me doliesen los dientes. El
resultado fue que no pude ni ver un jamón durante años. Lo que se
supone que debía aliviarme acabó siendo un refuerzo negativo, en
lugar de disfrutar del sabor del jamón, mucho mejor que el de la
goma del chupete, terminé asociando ese sabor al dolor de muelas.
Esta explicación me la dieron hace poco y sinceramente, tiene mucho
peso.
Y era una situación rara. No podía soportar el jamón y sin
embargo me encantaba tomarme unas cañas en el museo del susodicho
con ese olorcillo embriagador en el ambiente. Así pues hace unos
años decidí superar esa fobia, comenzando poco a poco a probarlo en
tapeos, algún bocadillo de serrano y finalmente comprando 100 gramos
de un ibérico salmantino de bellota. En el momento de la cata, el
espíritu de todos los jamones que no había comido durante años
atravesó mis papilas gustativas, terminando en una explosión de
sabores cuasi orgásmica.
Resumiendo, tengo tickets de comida sin gastar y este año me
pillo un jamoncito "como Dios está mandao". ¿Sabéis de
algún sitio que no sea el museo del jamón para pillarse un buen
ibérico?


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