El que tribula

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Zarek: Motero, friki, informatico, treintañero, ya no se que fue antes ni que me marca más, pero es lo que hay. Soy Zarek y me encanta que estés aquí

lunes, 5 de diciembre de 2011

Jamones de navidad

Loados sean aquellos que reciben un buen jamón con la cesta de navidad, porque serán los proveedores de manjares a aquellos que les rodean. Loados sean aquellos que canjean sus tickets restaurantes a final de año por un buen ibérico, porque marcan el camino para los que nos llevamos la comida al trabajo.

Para la mayoría de los mortales y más en épocas de crisis galopantes como está, esta es la única ocasión del año en la que nos podemos encontrar con una pata de gorrino colgada de la cocina. Además es multifuncional: es un alimento, es un elemento decorativo y es un agradable ambientador.

Yo, que nunca vi entrar jamones en casa porque mi familia no se lo podía permitir, encuentro de lo más pecaminoso el jamón ibérico de navidad. Al origen humilde de mi familia hay que sumarle mi fobia al jamón ya superada, por lo que hasta hace unos cuantos años no gozaba el regalo de una paletilla en su merecida plenitud.

Mi fobia, que tontuna de fobia. Cuando era cani y me estaban saliendo los dientes de leche, me daban taquitos de jamón para masticar en lugar de chupetes para que no me doliesen los dientes. El resultado fue que no pude ni ver un jamón durante años. Lo que se supone que debía aliviarme acabó siendo un refuerzo negativo, en lugar de disfrutar del sabor del jamón, mucho mejor que el de la goma del chupete, terminé asociando ese sabor al dolor de muelas. Esta explicación me la dieron hace poco y sinceramente, tiene mucho peso.

Y era una situación rara. No podía soportar el jamón y sin embargo me encantaba tomarme unas cañas en el museo del susodicho con ese olorcillo embriagador en el ambiente. Así pues hace unos años decidí superar esa fobia, comenzando poco a poco a probarlo en tapeos, algún bocadillo de serrano y finalmente comprando 100 gramos de un ibérico salmantino de bellota. En el momento de la cata, el espíritu de todos los jamones que no había comido durante años atravesó mis papilas gustativas, terminando en una explosión de sabores cuasi orgásmica.

Resumiendo, tengo tickets de comida sin gastar y este año me pillo un jamoncito "como Dios está mandao". ¿Sabéis de algún sitio que no sea el museo del jamón para pillarse un buen ibérico?

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