El que tribula

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Zarek: Motero, friki, informatico, treintañero, ya no se que fue antes ni que me marca más, pero es lo que hay. Soy Zarek y me encanta que estés aquí

lunes, 19 de diciembre de 2011

El único gordo que dejamos que nos toque

Dentro de unos días viviremos uno de esos momentos anuales en los que estaremos pegados al transistor, reconozco que esto ya es síntoma de viejuno, a la televisión o a internet. Llega el sorteo de la lotería de Navidad.

Hace años, algunos más de los que a mi me gusta reconocer, asociaba este día con el día de las pellas, ese día en el que los pubs y discotecas de las zonas de marcha abrían en horario lectivo y recibían a estudiantes procedentes de botellones como el de la plaza mayor, invitándoles a tantos cubatas como suspensos en las notas demostrasen. Es curioso ver ahora con los años cómo ese día se transforma en la cena de navidad de la empresa, ¿verdad?

A medida que empiezas a adentrarte en el mundo laboral empiezas a vivir en primera persona la vorágine de la lotería de Navidad, dejando de ser algo curioso que aparecía una vez al año en la tele.

Empiezas comprando un décimo a medias con algún compañero del trabajo, que eso de gastarte 20 € tú sólo es una pasta. Al año siguiente, compras una participación en el bar donde desayunas todos los días. Al año siguiente compras tu propio décimo y das participaciones de tu número a la familia, ya que ellos te dan participaciones todos los años. A partir de ese momento ya la has cagado.

Como tu pareja y tu no jugais un número juntos lo comprais, ya que es un muy romántico y sería muy bonito que os tocase. Pero tu pareja también tiene familia y también hay que compartir el número.

En paralelo te encuentras con que en tu trabajo hay una sección independentista que ha comprado un billete distinto al que compra Recursos Humanos y claro, no te queda más salida que comprar de ese número también.

Cuando te quieres dar cuenta llevas lotería hasta del perroflauta del semáforo que para sacarse unas perras vende participaciones con una mano mientras que con la otra baila el diávolo.

Lo bonito de este sorteo es la alegría popular cuando toca el gordo, el único al que no plantamos una denuncia por acoso, esa alegría palpable en las imágenes de gente celebrando con cava y sidra a la puerta de la administración de loterías. Esa gente sabe perfectamente que no le va a sacar de pobre el pellizco que les ha tocado, pero qué respiro en las apreturas económicas se llevan.

Yo soy de esas malas personas a las que no les gusta comprar lotería pero que aún soportamos menos la idea de ver a la gente que vemos todos los días celebrar cómo les ha tocado la lotería, imaginar como ríen delante tuyo, hablan de en qué van a gastar el premio y sobre todo, se mofan de aquellos que habiendo podido comprar lotería no lo han hecho.

Que mala es la envidia...

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